sábado, 30 de enero de 2016

EL TIEMPO QUE VIVIMOS

EL TIEMPO QUE VIVIMOS.

I.

Se nos escapa de la manos
el tiempo.
Un tiempo que nos pertenece,
nuestro tiempo.
Entretenidos, engañados,
sobornados de confort,
dejamos pasar, correr las horas,
los días, la vida.
Relojes, calendarios, almanaques,
objetos vacíos que cuentan
el tiempo precioso que perdemos:
"Mañana es veintinueve,
ya pasó enero,
nos vemos a las siete".
¿De qué nos sirve poner nombre
a un tiempo que no vivimos?
Como siempre,
quienes mueven las agujas
del reloj total,
de la poderosa máquina,
están escondidos en la sombra.
A ellos, sí les importan los jueves,
septiembre, las tres y media
o las doce en punto,
porque en ese tiempo,
a esa hora exacta,
en ese preciso instante,
estarán ganando un poco más.
Sus bolsos nunca están repletos,
su codicia es insaciable.
Para los demás, en cambio,
cualquier día es bueno
para nacer o para morir.


II.

A través de la Historia
hemos mirado atrás,
sabemos de otros tiempos,
de otros siglos...
Tenemos a nuestro alcance
la memoria;
es fácil recordar y sin embargo
olvidamos irremediablemente
lo pasado;
reciente o lejano,
ejercemos el olvido.
Perfectamente domado el hombre,
los magos de la cúpula
le obligaron a aprender su lección:
¡ olvida !
Para no hacer frente a este tiempo
que llamamos el presente.

III.

Rescatemos un fragmento
de aquel siglo,
un signo de aquel día.
Examinemos la vieja calavera,
no sólo perdura el esqueleto,
este hombre sigue entre nosotros,
le debemos una pausa.
Vamos a juntarlo todo,
el antes y el ahora:
inventemos el futuro
a nuestro gusto.
Rescatemos la sonrisa,
que como el llanto
llevan mucho tiempo
ya sobre la tierra.
Es Historia lo pasado,
será Historia nuestro tiempo,
quizás todavía sea posible;
inventemos el futuro
a nuestro gusto.

IV.

El siglo veinte,
los hombres de finales
del siglo viente
no saben ni siquiera
qué es lo que se avecina,
no saben lo que siembran
al siglo que va a nacer.
Pero mejor no molestarlos,
los hombres están ocupados
con sus modernos inventos:
Bombas nucleares,
atómicas, químicas...
Aviones más veloces,
carrros de combate más perfectos.
Plomo, metralla, láser...
Tienes armas para destruir
mil veces la tierra.
Son éstos los últimos inventos.

V.

Mientras tanto
arde un bosque,
treinta mil árboles menos.
Se inicia la guerra química,
treinta millones de hombres menos.
Aún quedan algunas parejas
de águilas en Iberia.
Ya pronto el hombre
también será una raza en extinción.
Está contaminada la costa mediterránea,
la costa atlántica está contaminada,
los ríos de mi tierra están contaminados.
¡No se preoupen,
hemos inventado una nueva bomba,
ya no hay peligro!
(¿Contra quién es la guerra?)
El siglo veinte,
el hombre de finales del siglo veinte:
el progreso y el gillipollismo,
la modernidad y la tontura.

(De "EL TIEMPO QUE VIVIMOS"
Rafael Párraga, 1988)

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